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La mandarina contiene un 88% de agua, hidratos de carbono, fibra, vitaminas, minerales, betacaroteno y antioxidantes. A pesar de que la mandarina aporta menor cantidad de vitamina C que la naranja, su aporte es elevado y es una excelente fruta para ofrecerle a los niños. Por su facilidad para pelarla y comerla con las manos es ideal para los más pequeños.

Actúa estimulando la formación de anticuerpos y la actividad de los fagocitos (células que fagocitas partículas extrañas como bacterias o microbios), por eso tiene una importante acción antiinfecciosa.

Es la fruta que más carotenoides contiene, con un gran poder antioxidante. Actúa contra los radicales libres protegiendo al organismo de enfermedades cardiovasculares, degenerativas y cáncer.

Contribuye a prevenir la anemia ferropénica, pues su contenido en vitamina C favorece la absorción del hierro de otros alimentos. Es depurativa y gracias a su alto contenido en fibras se recomienda en caso de estreñimiento. Es diurética ayudando a eliminar toxinas del cuerpo y su contenido en ácido fólico interviene en los procesos de multiplicación celular.

Las mandarinas se clasifican en cuatro grandes grupos: satsumas, clementinas, clemenvillas e híbridos. Las más adecuadas para los niños son las de sabor dulce, las que menos semillas traen y se pelan con mayor facilidad, como por ejemplo, las clementinas y dentro de este grupo la Fina.

CÓMO PREPARAR LAS NARANJAS Y LAS MANDARINAS

La forma más habitual en que los niños toman la naranja y la mandarina es al natural.

Durante los primeros meses se ofrecerán trituradas solas o combinadas con otras frutas, aunque deberán introducirse solas por separado durante dos o tres días para comprobar que no provocan reacción alérgica.También se pueden ofrecer en gajos sin semillas (pero no veas cómo les queda la ropa) y controlando en todo momento al bebé para evitar que pueda ahogarse con la piel de los gajos.

El zumo de naranja o de mandarina es un clásico para los bebés porque es sano y refrescante, pero hay que dárselo con moderación pues pueden tener consecuencias en la salud del bebé. Se recomienda dárselo en cuchara en vez de en biberón, pues cuando existe una exposición prolongada de los dientes a líquidos que contengan hidratos de carbono, se produce lo que se conoce como caries de biberón. Conviene consumirlas muy bien exprimidas para evitar que pierda su valor nutritivo. Ni trituradas ni en zumo se les debe añadir azúcar.  A partir de los 18 meses se le pueden ofrecer los cítricos en forma de mermeladas, en postres, en forma de cremas o mousse.

Una buena opción para el verano son los batidos. También se puede preparar zumo de naranja o de mandarina, meterlo en moldes en el congelador y convertirlo en helado.

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